con el corazón abotagado…
Que si soy esquiva o tu orgullo no me deja…
¿En qué momento me perdí de esta manera?
Porque no me reconozco…
¿En qué cajón encerré bajo llave
a esa mujer tan segura de sí misma?
Y a cada palabra empeoro las cosas,
me desdibujo, me pierdo… me vuelvo humo y no me encuentro,
me desconozco a mí misma…
Intento charlar con aquella mujer digna
y lo único que encuentro es una adolescente deshecha,
guardada en un armario,
con la amargura de una mujer divorciada,
con la tristeza en los ojos de quien nunca ha sido amado…
Ya no sé quién soy, no sé qué soy o a dónde voy…
¿En qué momento te regalé el mapa de mi vida?
¿Fue acaso cuando trazaste aquel futuro juntos?
Quizá fue cuando tu dulzura revolucionó mi vida,
quizá fue cuando encontré tus ojos claros
en la mirada de los hijos que algún día tendríamos…
Me desconozco tanto que no encuentro mis límites,
ya no sé en dónde empiezan ni donde terminan,
¿Acaso he llegado a ellos? ¿O aún puedo extenderlos?
Pero… ¿para qué? Dime, cariño
que valdrá la pena olvidarme de ellos
y arrojar mi orgullo por la borda,
dime, cielo mío, que todo esto tendrá sentido algún día…
Por esta noche no puedo hacer nada
más que recostarme,
con el ego molido y el sabor de tu ausencia,
con el teléfono desconectado,
porque sé que no llamarás,
para no mirar en el reloj el transcurso de las horas
y esperar esa llamada que nunca llegará…
más que recostarme,
con el ego molido y el sabor de tu ausencia,
con el teléfono desconectado,
porque sé que no llamarás,
para no mirar en el reloj el transcurso de las horas
y esperar esa llamada que nunca llegará…
Y la verdad es que te extraño.
La verdad es que te amo tanto...
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