Cual lobos en celo aúllan y te llaman como a la luna en el ardor de las pasiones avivadas. Y sonríen, gritan, vociferan y dicen detestar los tapujos que causa la moral… Alaban y alimentan tu pensamiento liberal, agradecen tus muslos tan abiertos como tu mentalidad…
Y disfrutan los placeres vergonzosos, esos placeres culposos… los vicios y lo marcado como pecado que les dicta la sociedad. Esa dulce miel de lo prohibido, lo siempre negado pero tantas veces invocado…
Sin embargo, apenas se asoma el alba y olvidan su lado animal para regresar a su condición de ser de sociedad; recobran la estúpida hipocresía, su maldita duplicidad… y entonces les escandaliza tu moral liviana, y vuelven como horrorizados a sus lechos conyugales… extasiándose aún con el olor del idilio en las entrañas…
Y disfrutan los placeres vergonzosos, esos placeres culposos… los vicios y lo marcado como pecado que les dicta la sociedad. Esa dulce miel de lo prohibido, lo siempre negado pero tantas veces invocado…
Sin embargo, apenas se asoma el alba y olvidan su lado animal para regresar a su condición de ser de sociedad; recobran la estúpida hipocresía, su maldita duplicidad… y entonces les escandaliza tu moral liviana, y vuelven como horrorizados a sus lechos conyugales… extasiándose aún con el olor del idilio en las entrañas…
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