Burdel sin moral, de ricos vicios, mala vida y demás placeres mundanos...
domingo, 24 de abril de 2011
"Ningún motivo"
Aún no te lo digo
y ya estoy pensando
en sacarte de mis horas
y eliminarte de mis días…
Borrando tus recuerdos,
y la tentación profana
me invade hasta la agonía.
Perdona la osadía,
disculpa mis descuidos, pero
hasta el silencio me fastidia…
Aún siento
que algo de mi te ama,
y mientras tanto ya estoy
intentando odiarte.
Me invento excusas,
me quito un peso de encima,
me deslindo de la culpa
y los sinsabores del reproche.
La verdad ya no estoy para eso,
si la ocasión se te hubiese presentado
ni si quiera lo hubieses pensado…
Así que sí, yo soy esa ramera
que por simple adulterio
dejó tu corazón y orgullo estrecho.
miércoles, 20 de abril de 2011
Relato de un insomnio...
Eran las 2:37 a.m., levantándose de la cama… Llevaba apenas unos minutos desde que se había acostado y no dejaba de recordar muchas cosas.
¿Antes del último quién fue…? Ah, claro… y antes de ese, el otro. Recordó aquellos besos, las tantas horas que pasaron juntos; de repente le invadía esa lástima asquerosa que si alguien la sintiera por ella le escupiría en la cara, pero sentía de repente esa lástima por él, por la manera en que se dejaron… o lo dejó, para ser más exactos.
De pronto le dieron ganas de abrir la ventana de su habitación. Sabía que estaba helando afuera y que estaba lloviendo, pero no le importó. Por lo general le disgustaba la lluvia, pero aquella noche, a pesar de ser una madrugada de sábado, todo parecía excesivamente callado, y el silencio causaba una sensación exquisita que hacía más necesario abrir la ventana, de salir incluso por ella, a escondidas, tanto que le producía una emoción que rayaba en la excitación…
Sí, pensó en ponerse sus botas, tomar un suéter largo y salir como ladrona por la ventana, o como la puta que le encantaba sentirse, huyendo entre las sombras… aunque no sabía de qué huía. Quizá de ella misma. Era una estupidez, sabía que no lo haría, pero le gustaba imaginarlo.
Prendió una pequeña lámpara de mano que iluminaba sectores de aquella habitación, como piezas de un rompecabezas, dándole un toque blanquecino y más frío todavía, pero que aún así la confortó.
Abrió su cajón y sacó de una pequeña caja azul su marihuana, las “hierbitas filosóficas” como solía decirle el último de su colección con el que compartió orgasmos. Se hizo un cigarrillo y comenzó a fumar, abriendo por fin la ventana.
No hacía tanto frío como había imaginado, y a lo lejos se escuchaban los gritos alcoholizados que producía una fiesta, perturbando la casi perfección de aquel silencio mortuorio… pero permaneció ahí, a pesar de todo. Del frío, de la ligera llovizna, del no tan perfecto silencio de esa madrugada. Se imaginó cómo estarían pasando su noche todas esas personas de las casas y edificios cercanos; exhaló el humo del cigarro y notó también el vaho que producía su calor… cayó en cuenta de que tenía frío, estaba tiritando y sus piernas, que colgaban por la ventana, estaban tensas…
Terminó su cigarro y se dio cuenta que aquella noche era linda, pero no tenía nada de especial. ¿A quién quería engañar? Sólo eran sus insomnios, los mil y un pensamientos, recuerdos, pendejadas que no la dejaban dormir y que la hacían buscar (a veces fallidamente) en cada bicoca de la vida algo extraordinario…
Cerró por fin la ventana y se sentó en la cama. Ahora pensaba en el penúltimo… no, de hecho era el antepenúltimo... ¿Se asustarían las putas de doble moral si supieran que no le alcanzan los dedos de una mano para contar a los amantes que ha tenido? ¿Y con las dos manos? No, aún no llegaba a esa meta...
Quizá sería más fácil si los enumerara (1, 2, 3, 4…). En fin… como dos antes, uno de los que más la había encantado, y el que más años le había llevado… ¡tremendo hijo de puta! Y a pesar de todo cuánto le aprendió (bastante más que al último)…. No lo odiaba, sólo deseaba que se lo cogiera La Chingada, igual que al último… igual que a todos. “Da igual. Si no los decepcionas tú lo harán ellos”, pensaba, así que hasta a los que ella había “decepcionado” les deseaba… pues simplemente lo que se merecen. Ni más ni menos. Cada quien su karma.
Apagó su lámpara de mano y entró a las sábanas. En dos minutos ya estaba dormida. Quizás estaba cansada después de haber leído un libro entero; quizás el vino tinto que había tomado un par de horas atrás la había embriagado; quizá estaba verdaderamente cansada, pasadas las tres de la mañana; quizá sólo era el efecto de la marihuana… Quizás era todo eso y el analgésico psicológico que se inventaba en ocasiones ante esos cambios en cadena que llamamos vida.
lunes, 18 de abril de 2011
Hombres, hombres...
Cual lobos en celo aúllan y te llaman como a la luna en el ardor de las pasiones avivadas. Y sonríen, gritan, vociferan y dicen detestar los tapujos que causa la moral… Alaban y alimentan tu pensamiento liberal, agradecen tus muslos tan abiertos como tu mentalidad…
Y disfrutan los placeres vergonzosos, esos placeres culposos… los vicios y lo marcado como pecado que les dicta la sociedad. Esa dulce miel de lo prohibido, lo siempre negado pero tantas veces invocado…
Sin embargo, apenas se asoma el alba y olvidan su lado animal para regresar a su condición de ser de sociedad; recobran la estúpida hipocresía, su maldita duplicidad… y entonces les escandaliza tu moral liviana, y vuelven como horrorizados a sus lechos conyugales… extasiándose aún con el olor del idilio en las entrañas…
Y disfrutan los placeres vergonzosos, esos placeres culposos… los vicios y lo marcado como pecado que les dicta la sociedad. Esa dulce miel de lo prohibido, lo siempre negado pero tantas veces invocado…
Sin embargo, apenas se asoma el alba y olvidan su lado animal para regresar a su condición de ser de sociedad; recobran la estúpida hipocresía, su maldita duplicidad… y entonces les escandaliza tu moral liviana, y vuelven como horrorizados a sus lechos conyugales… extasiándose aún con el olor del idilio en las entrañas…
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