Burdel sin moral, de ricos vicios, mala vida y demás placeres mundanos...







sábado, 5 de noviembre de 2011

La puta atea

Recuerdo mi etapa moza de niña católica, de esas que van a misa y algún día serán desposadas por un buen hombre.

Recuerdo después, mi etapa de niña de casa, que ya no iba a misa pero se creía las historias de amor “hasta que la muerte los separe”.

Cuando menos me di cuenta dejé de ser la niña virginal para ser una putilla con potencial, que aún cobraba barato y sentía que podía encontrar, entre tantos aposentos, al hombre que la amaría por más de una noche.

Después de buscar erradamente al “amor de mi vida” en los hoteles, los escritorios, el suelo, los sillones, los parques, los salones, la cocina, el baño, mi cama, sus camas… terminé por convertirme en una completa atea.

Y el problema de ser atea es volverte poco creyente. Nada creyente. Si no creo ni en Dios, ¿cómo me pides que te crea, cariño mío?

Resignación. Nada más que resignación para esta puta atea...